Tres anuncios

(Llega la Navidad y las marcas y publicistas echan el resto, recurriendo a la sensiblería y a la tradición más casposa. En el otro lado se refleja la trasgresión más frívola y simplona)

Ya la primera escena del anuncio de la lotería de Navidad, me da cien patadas. Una mujer, como ahogada en la resignada comprensión, le dice a su marido que baje al bar a celebrar con sus amigos que les ha tocado el gordo. Mi pregunta es si la mujer, que parece eterna habitante de ese hogar cerrado, no tiene amigas en el barrio a las que le haya tocado la lotería y a las que no tiene que acompañar en su buena suerte o ni tan siquiera tiene la latina tendencia de celebrar. En mi experiencia con las mujeres con las que he compartido, podría decir que todas –hasta mi madre y mi abuela- en esa situación, habrían cogido el bolso, habrían enfilado la puerta jovialmente y me habrían  preguntado: ¿Bajas o vas a seguir mirando la ventana con esa cara de triste atontado? Pero no, el spot prefiere reflejar una escena que se me hace de una época felizmente pasada. Y, ya digo. ni tan siquiera.

Paso al siguiente anuncio, aunque me llama la atención que el actor que interpreta al camarero, he sabido, es sudamericano, pero en el doblaje le ponen acento de un señor de Valladolid. Es obvio que en la España actual son pocos los que vienen o han venido de otros países a ganarse la vida aquí trabajando de camareros, entre otros nobles oficios. Mejor un camarero “de toda la vida” como le gustan al Comisario Cañete (coño).

Otra realidad trasnochada es el anuncio de Ikea: unos niños no piden en la carta a los Reyes Magos ni la Play, ni unas Nike, ni una Tablet, sino que sus padres pasen más tiempo con ellos. Y un cojón. Con perdón. Para una vez al año que pueden pedir lo que les sale del estómago…. Pero bueno, paso este detalle para centrarme en que todos los padres que aparecen son parejas heterosexuales o madres solas y abnegadas como si su obligación, dada por su género, sea estar con sus pequeños. Aparecen siempre maridos acompañados de “ellas”, porque “ellos” es comprensible pasan tiempo fuera de casa. No veo ningún padre solo, soltero o divorciado (con la tan necesaria custodia compartida) y, ni mucho menos, una pareja homosexual que haya decidido adoptar un niño. La familia tradicional triunfa sobra la real, esa que ya existe en nuestro país por muchas circunstancias y que los anunciantes parece que no quieren que compren muebles. No pido a sus responsables que refleje que hay padres que a veces no hacemos mucho caso a 13nuestros hijos porque el puto mueble de Ikea te lleva tres horas de montaje, pero al menos podría reflejar, aún sea de soslayo, una realidad que existe.

En el lado contrario está el spot de Desigual. Una chica cumple 18 y el anuncio sugiere que al cumplir esa edad, te puedes poner hasta las jalandracas y meter hasta desfallecer con quien te apetezca. Buen consejo. Sobre todo para los jóvenes: es tan irreal como frívolo eso de que el alcohol y el sexo esté  unido indefectiblemente a la mayoría de edad e incluso, como intuyo trata de decir, a la rebeldía.

En fin, esperemos que los que vengan, nuestros hijos, sepan entender que si sus padres no están más con ellos es porque trabajan y que, cuando crezcan, no quieran tener una mujer encerrada en casa rogándoles que baje al bar y que, también, vean como una familia a aquellos que nos hemos separado o los que ahora son sacados de “esa” realidad por su condición sexual. Espero, por supuesto, que no vean la diversión o la rebeldía como algo asociado con el alcohol y al sexo por el sexo.

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