TE AMARÉ SIN BANDERAS

Fue blanca y pura, como una criatura recién nacida,
de seda transparente. Y fue mía.
Me dio su fuente para beber aunque yo no tuviera sed.
Luego su fuente se convirtió en un volcán.

Latía su corazón, se agitaba el mío.
Ella enarbolaba banderas de victoria,
mientras yo luchaba en la revolución inútil.

Se sentaba en mis rodillas, me abrazaba y
adornaba mis movimientos con su mirada.

Su voz pálida, cándida y pueril…
¡Cuanto la sentí! Era de caramelo e inocencia.
Maravillaba su rostro a mis ojos al amarme
con la intención de vivir más. Con la luz apagada.

Yo la amé en la revolución inútil
y me perdí en el océano que me castiga,
me despierta y me conduce con su inmensa inmensidad.
Tan solitaria, a veces.

Nunca olvidaré que fue blanca y pura como una poesía,
y mía.
Sólo yo lo sé, sólo yo bebí de su pureza.

Algún día marcharemos juntos al fondo del océano
para batirnos en duelo, sin bandera ni revolución,
para sumirme en su volcán incandescente hasta apagarlo.

A ti, manantial de seda transparente,
voz pálida y tierna, lava rabiosa
que agitaste mi corazón,
A ti, te amaré sin banderas ni revolución.

Déjame soñarlo, aunque sea en otra vida,
con otra mujer, pero que seas tú.

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