Archivo de la etiqueta: Vetusta Morla

Rock and P.I.B.

Rock and P.I.B.

Entre acordes musicales empezaron a salir cifras que nos hacían pensar a todos los asistentes. La primera fue demoledora: el coste del fraude fiscal supera todo el presupuesto destinado a la sanidad. Un dato que  se deplegó al poco de empezar el concierto organizado por Intermón Oxfam en Madrid. Marlango abrió el tapete en reivindicación de un mundo “un poco menos desigual”. Sonó la mestiza “Semilla Negra” en la sensual voz de Leonor Walting cuando ya nos habían contado que el PIB de Namibia había experimentado una importante subida. Crecía el PIB sí, pero también aumentaba considerablemente la desigualdad en el país africano. Algo parecido pasa en España donde ese indicador –el PIB- que teóricamente mide la riqueza del país, crece mientras vemos que la clase media se cae en un agujero aritmético: los ricos son más ricos y los pobres más pobres, según organizaciones tan dispares como Cáritas y la OCDE. Un PIB que, eso sí, sirve para que desde Bruselas los próceres de esto de la economía alaben nuestras reformas y los mercados nos saluden por el pasillo de vuelta del retrete.

Los cada vez más geniales León Benavente sacaron la «Bandera blanca» de Franco Batiato en versión leonesa y pensé entonces que quizás es tiempo para enarbolar el trapo inmaculado y pedir a economistas y mentes pensantes, cambiar un poco tanto cuadro macro que tapa disimuladamente nuestras vergüenzas. ¿Podrían inventar algo más doméstico y realista? Cuando escucho PIB, me acuerdo de los justificantes falsificados que se entregaban al profesor después de hacer pellas en el cole. Puede que el crecimiento del PIB sea a costa de los más y en favor de los menos o que –seamos benevolentes- la respuesta no interese encontrarla. Aunque Marc, de Dorian, tras un directo encomiable, daba un grito de desconfianza basada en la historia: cuando se inició la Revolución Francesa muchos decían que era imposible. Buen apunte. O como dijo Michael Corleone: Si algo nos ha enseñado la historia es que se puede matar a cualquiera.

 Vetusta Morla –siempre están ahí- junto a Second daban más luz a la búsqueda de unas palabras y guitarras en pos de una igualdad posible. Hoy, mientras escribo esto, leo que el FMI pide a España más reformas, subir más el IVA y abaratar el despido. Pero, en fin, esa es otra historia. Como la creciente tendencia de Sidonie al pachangueo. Me pregunto si los otrora reyes del indie español acabarán haciendo una versión de «Paquito el Chocolatero». Deberían también revisar el indicador de su riqueza musical.

Compartir en:

DESNUDOS EN PALACIO

Desnudos en Palacio

 

El sábado Vetusta Morla se presentó ante 15 mil gargantas en pelota picada. Mostraron sus atributos más íntimos y al estilo del gran Rocco Siffredi iniciaron una cópula de más de dos horas mientras parecían decirnos: tomad lascivos, esto es lo que hago y lo que soy: pasad un buen rato con mi cuerpo. No lo olvidaréis, seres vulnerables.

Desde el principio y al estilo de una gran banda, desarrollaron con ejemplar profesionalidad los temas que desde el inicio han hecho que el éxito les haga ojitos con respeto. El éxito tampoco se fía mucho de ellos, porque al fin y al cabo los chavales han labrado la tierra desde hace años y eso se nota: no son niños monos con estribillos de Super Glue , sino campesinos de manos agrietadas que recogen cosecha después de años en el campo. Y eso se nota y fue lo que mostraron en un Palacio que cada vez tiene más Reyes. Se despelotaron y, es de agradecer, recorriendo gran parte de su creativa artillería sin centrarse en sus últimas piezas.

La voz de Pucho, cada vez es más armónica y personal, está en trabajo permanente, como el ejecutivo que empolla las últimas tendencias de managment o el empleado que se recicla en cursos de nuevas tecnologías. La palabra “trabajo” estuvo tan presente como la de la honestidad: no hay engaño en su propuesta. Sus letras están inundadas de una imaginería visual y abierta, con múltiples sugerencias muy pegadas a la actualidad, universos comunes que invitan a la reflexión y que vomitaron, precisamente, la noche en que había que pensar qué papeleta meter en una urna.  Lograron más que nunca –me gustaría saber qué opina de ellos Radiohead– una atmósfera mágica de recesos embaucadores, de neblina musical que luego rompían en excelencia de percusión para penetrarnos en comunión perfecta.

El sábado nos dejaron en Palacio un orgasmo de honestidad, creatividad y trabajo, detrás del que también se esconde el buen hacer de otros: la puesta en escena fue grandiosa sin ser grandilocuente. Porque para el gran polvo que nos echaron a 15 mil miserables, no sólo sirve buena música, también quien te animen y te de seguridad para desnudarte y a follar sin reparos.

Compartir en: