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ALEJANDRÍA (El desamor)

Como personajes de ese libro de Durrell despertamos sin saber

la dirección; el valor sin remover: ya no hay conversación y el silencio se tiñe de gris espuma.

Y las telarañas que no dejan de crecer en esas esquinas del corazón: abrazar cualquier lugar que resurja el esplendor

de la antigua Alejandría

Decadentes avanzamos hacia el interior sin mañana, ni ilusión por el sol. Y la pena vaga en el desfiladero del amor; no supimos defender Alejandría, no supimos defender Alejandría

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Magia y precisión

Dicen que Onetti murió rechazando a Flaubert y calificando de mierda «Madame Bovary». Fueron, según escuché de Vargas Llosa, una de sus últimas palabras antes de abandonar el mundo. Lo contaba el Premio Nobel alabando la pasión vital y existencial del uruguayo por la literatura. Onetti pasó meses antes de morir, postrado en su cama con el hígado destrozado, obesionado por la novela, sus cuitas y su valor exacto. A escasos metros de donde vivió Onetti, en su casa de la Avenida de América, un astrónomo de la música y de las palabras, Antonio Vega, había ayudado a despertar al plomizo Madrid de finales de los 70 en el Rockolla con unos versos precisos: «Esta vez has dado en el blanco / con dos flechas, tres dianas para ser exactos». Tiendo a pensar que así vivió Onetti, buscando la matemática del arte y escudriñándose el alma y el cerebro hasta la expiación, para saber si Flaubert era o no una mierda.

En la misma estela de Onetti, Isaac Newton, después de demostrar empíricamente que la fuerza y el movimiento se pueden calcular previamente y sentando así las bases del progreso, fallecía entre mercurio y la desesperación por no hallar resultados concretos en sus experimentos de alquimia (o en su amor secreto hacia un joven matemático suizo).

Por el contrario, Rimbaud abandonó la poesía a los 19 años porque quería ser «absolutamente moderno». A tan temprana edad, a su juicio, ya había dado en el blanco y había escrito todo lo que tenía que escribir. Su postulado de absoluta modernidad, le obligaba a evolucionar y a «matar» la poesía.

Juan Rulfo dio el pistoletazo de salida al «boom» sudamericano con apenas 100 páginas que tituló «Pedro Páramo». Luego se pasó media vida inventando, según cuenta Bryce Echenique, la autoría de una novela que nunca vio la luz pues ni tan siquiera comenzó a escribirla: «La Cordillera». Después de acertar, dedicidió hacer un truco de magia que no fue desvelado hasta después de su muerte.

Tanto Onetti como Newton buscaron la precisión mientras convivían con la magia de la creación; tanto Rimbaud como Rulfo nos otorgaron su magia, tras, en su opinión, lograr la precisión a la que podrían llegar. Creo que los cuatro lograron con dos flechas (magia y precisión), tres dianas: emocionarnos, hacernos evolucionar y no dejar de preguntarnos

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MADRID

MADRID

Madrid, me hiciste tuyo porque me diste la vida,

la que pintas enjambre de deseos y fuegos.

Nací en tus calles veloces, en tus asfaltos ardientes,

mamando tus noches bastardas, indecentes y baratas,

tus tardes melancólicas, tus despertares mentirosos.

Madrid, besos maternales,

canciones que se respiran,

gotas de lluvia que siempre caen como delicia.

Madrid, mujer de brazos abiertos,

mujer caliente,

que no reprochas ni guardas,

escupitajos de frente.

Madrid, de plata y cobre,

de miel en camas y ratas por el arcén,

foráneos ambiciosos que seduces con magia desordenada.

Volcán de energía y cariño,

de luna entera siempre,

parrandera de sonrisa ancha,

eterna verbena de corazones polifórmicos.

Madrid, pariendo vida,

llena de un millón de muertos,

calamares y churros,

platos de leches para los gatos,

chocolate y cañas;

Madrid de sonidos cautivos,

de sombras con luz vigorosa,

azul el techo.

Madrid, robinias y plataneros,

nenúfares del Retiro,

cuadros del Prado,

tasca, cocido y mus.

Madrid, Isidro,

bombeando el miocardio,

espejo cóncavo y convexo,

nunca ausente.

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Mi amiga la muerte

  MI AMIGA LA MUERTE  (A mi padre)

 

Con un pareo en verano o con gabardina en invierno,

vestida de largo para las ocasiones de postín,

mi amiga la muerte tiene mucha vida verdadera.

Sabe reír, sabe llorar y vuela como ninguna mujer lo hace.

 

Ama sin poder amar y llora en silencio su seducción fracasada.

Es una romántica que navega por los hospitales, las carreteras y las guerras.

Se encuentra con quienes coquetean con ella sin tomarla en serio,

la viven quienes matan y mueren en nombre de otros amores que no existen.

Los aburridos y los que perdimos, pensamos en ella,

pero no se lamenta.

Mi amiga la muerte no da el coñazo al personal con sus penas y sus problemas de corazón,

aunque todavía sueña con que algún suicida con dos cojones la retire del oficio.

Pero ya se la pasaron los tiempos de ir de auténtica y además el Ayuntamiento ha puesto mamparas en el Viaducto.

 

A esa señora, con su pareo en verano o su gabardina en invierno,

nunca la puedes tener porque nunca deja de ser ella.

 

Habla muchos idiomas, practica mil religiones  y sabe comportarse en público.

 

Le gusta la mayonesa cortada, el caballo con farlopa y el desengaño se lo chuta como vino  barato.

Hace puenting sin cuerda y cuando se corta las uñas se pone tan nerviosa que la tijera se le escurre hasta destrozarse las venas.

 

Mi amiga la muerte juega al mus de puta madre, pero cualquiera le ve un órdago.

 

Sabe que es el absurdo y la primera esencia de la naturaleza y nunca miente,

no tiene por qué, tiene mucha vida verdadera.

 

Zalamera y coqueta te guiña el ojo de vez en cuando.

Mi amiga la muerte sabe que de nada nos sirve llorar ni llevar la razón.

 

Con un pareo en verano o con gabardina en invierno,

vestida de largo para las ocasiones de postín,

mi amiga la muerte tiene mucha vida verdadera.

 

Sabe reír, sabe llorar y vuela como ninguna mujer lo hace.

 

Mi amiga la muerte me llamó un día por el interfono para tomar una copa.

Me dijo que se llevaba a mi viejo de repente, como quien no quiere la cosa.

La vida no hizo nada y eso que mi viejo le dio mucho a la vida.

Pero la vida es una niña pija y caprichosa que te engatusa y que nunca deja propina.

 

A mi viejo le rebañó el plato y casi ni le pagó.

 

Desde entonces me paseo por Madrid y en cada esquina veo el amor de mi viejo y su mirada de hombre bueno.

 

Un día de otoño me volví a encontrar a la muerte en un taxi que cogí en la Puerta de Alcalá y con la risa de mujer viva e inteligente me susurró:  “Juanito, volverás a ver a tu viejo cuando tengas un hijo”.

 

Mi amiga la muerte es tan sabia que todo el mundo la tiene miedo

y nadie sabe que lo que la pasa es que no quiere tener un novio legionario.

 

Un día le presenté a la vida y me puso cara de nostalgia y de amor perdido.

Luego, con orgullo de mujer rechazada, tomó las de Villadiego.

Yo me quedé con la vida porque me divierte más aunque no me jure amor eterno y aunque no deje propinas a los hombres honrados.

 

Mi amiga la muerte no entiende de alquileres, siempre compra o vende.

A ella no la preocupa ni el índice Nikei, ni el Real Madrid, ni las nuevas tecnologías, aunque se descojona con los discursos sobre el Estado de la Nación.

Sabe que los muertos que viven tienen una muerte de infelicidad que es mucho más pobre y dolorosa que la que ella puede regalarles.

Cualquier día, en cualquier esquina, te envuelve con papel de Crisol y se hace un regalo cojonudo.

 

Con su pareo en verano o su gabardina en invierno

ella sabe muy bien que en pelotas no somos nadie.

Mi amiga la muerte tiene muchos defectos,

pero no es plan contarlos aquí porque esto es un poema de amor.

 

 

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 CANCIÓN DE CUNA PARA UN PADRE (Palabras de un bebé a su padre)

 CANCIÓN DE CUNA PARA UN PADRE (Palabras de un bebé a su padre)

(A Martín)

Suena la alerta y me pongo a llorar, luces y sombras que no te se explicar.

Besos nocturnos, oro y fragilidad, estás más seguro cuando prende la paz.

Esos dragones no me despertarán si tú estás:  rostro elegido de este loco carnaval

Y mirarme sin parar, de tu piel sale mi ser, es mi risa tu pasión:

Ya no hay miedos.

Luchan tus piernas y baila mi verdad, yo me pregunto si tu magia seguirá.

Turbias las dudas tu calor me hace más, siempre en tu mano sé que nada caerá.

Es un dulce planeta, revoltoso jugar, no temas, no temas hombre:

Yo no te dejo de amar.

Y mirarme sin parar, de tu piel sale mi ser, es mi risa tu pasión:

Ya no hay miedos.

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Tu luna roja

TU LUNA ROJA

Semáforos en verde para tu cuerpo desnudo,

gozosos principios ardientes que prolongaré,

explosiones de carne y cielo,

aunque… eso sí,

al escucharte reparo en tu esencia de oro: quiero cuidar tu luna roja.

Me hago fuerte al respirar tu aire de algodón,

amándote al inhalar y pensándote al exhalar.

Continuaré arrancando con mi lengua tus encantos alborotadores,

aunque… eso sí,

sé que no basta con el instante de lujuria y miel para abrazar tu luna roja.

Sincero y sin señales, callejearé por tus rincones,

confirmaré que tus besos no son medidos,

son el tiempo detenido, el crepúsculo querido,

aunque… eso sí,

sé que la risa y artificio no es la única llave para hablar con tu luna roja.

Deseo bucear en tu religión más allá de los dioses adorados,

bañarme en tus sudores que gritan al alba,

para teñirlos en alquimia de sentimientos robustos,

y seguir… eso sí,

haciendo cada vez más pleno nuestro aullido: y amar tu luna roja.

 

 

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EL GRIS MAÑANA (…que espera a los jóvenes preparados…)

 EL GRIS MAÑANA (…que espera a los jóvenes preparados…)

 

Sueña con verdad tu sueño, era tu epitafio rosa.

No hay flores, sí desierto: no era un vergel.

Admiraba tus silencios cuando era un inocente,

ahora levito en el techo y tú hablas de más.

Sigo solo, bailando con las piernas rotas, aceptando las derrotas.

Soy el hoy de tu egoísmo lanzándome a la otra orilla mientras ves la tierra seca, donde habitaré.

No te hablo por joder, no te hablo de vencer:

Me refiero al gris mañana.

 

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Masaje

MASAJE

 Cuando hundo mis dedos en tu espalda,

tomo contacto con tu amor maduro,

con esa fuerza que me das y que ya habita,

en mi corazón gigante y desnudado;

un órgano limpio y sorprendido

por tu entrega valiente desmedida.

 

Cuando rozo tu cuerpo siempre es más,

y poco, siempre es nada;

y la niebla de mis días se clarea,

al pisar el puente que nos une

hacia la unión inquebrantable de lo eterno.

 

La paz gravita sin reservas

como en aquél abrazo mudo que me diste,

ahuyentando los demonios,

por el plata y roble de tu esencia.

 

Quiero ser un animal de siete vidas

que se acerca a tu fuego acariciado,

un felino vivo que sólo quiere

saltar por los tejados de tu seda,

bajar al suelo de tu alma

y retozar con constancia y con cordura,

sin olvidar la llama del deseo,

en esa hermosa ciudad que tu regentas

y cuyas luces son cada vez más alargadas.

 

Tu cielo da luz a una urbe adorable,

que estoy sintiendo y que disfruto

de sólidos andamios que protegen,

el presente y el futuro de mis labios,

esos que lames con tu lengua rotunda,

y me convierten en un ser tan renovado.

 

Los que hacen que tu risa y que tu llanto,

canten como un amigo,

como un amor,

que siempre he llevado a mi lado.

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Los ángeles lloran sobre Madrid

LOS ÁNGELES LLORAN SOBRE MADRID

 

Los ángeles lloran sobre Madrid porque la ciudad se quedó sin ella.

Las lágrimas son de pena bella sobre un aire robado por una mujer.

El cielo madrileño, trasunto de su piel acariciada,  pareció olvidarse de acudir a su cita.

Nada, ni siquiera el recuerdo, puede cubrir su presencia.

La marcha fue silenciosa, como nacida de susurros,

La ciudad no pudo evitar no saber y el aire ardió entre el asfalto asmático.

Las esquinas hicieron mudanza,

los árboles se llenaron de vacío y soledad,

las calles de ansia de volver a mirarla,

y luego la noche se infló de dueños  que no entendieron mi anhelo.

Nada, ni siquiera mi amor puede igualar su presencia.

Con los pies descalzos se fue fresca y húmeda,

con los ojos rasgando con vida la vida.

Deseada y perdida,

caminó de la mano de su duda,

con otro amor en la mochila.

El luto seguirá a ráfagas, disfrazándose de cualquier cosa,

como un disparo de vida, como un muerto en un baile veneciano.

Cualquier día no terminará y me armaré de fuerza con el sabor de estas palabras.

Me da igual beber de ellas,

porque los amantes sabemos que nada,

ni siquiera el tiempo, puede apagar los rescoldos del amor sincero.

Los ángeles lloran sobre Madrid y Madrid se duerme con el eco de su risa…

…todavía resonante.

Nadie grita.

Nada, querido Cummings,

ni siquiera la lluvia, que tiene esas manos tan pequeñas.

 

 

 

 

 

 

 

 

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Yo no sé escribir poemas

YO NO SÉ ESCRIBIR POEMAS

Yo no sé escribir poemas.

No sé lo que es una metáfora, un cuartero, o un nicárqueo.

No soy sincero, pero quiero matarlos.

 

Mis instrumentos son de cartón piedra, humo de tabaco malo.

El verbo no acierta nunca y no dibuja lo que agita o pace,

es impreciso y mentiroso, falso y seductor.

Todo su sentido se pierde en el cielo de Madrid,

que no tiene agujerito para ver las verdades de las mujeres desnudas.

Nadie me puede explicar,  jeroglífico estúpido,

el caleidoscopio del misterio que grita.

Ni siquiera la muerte, la verdad más rotunda, puede hacerse palabra.

Ni siquiera el “se marchó”, explica el “adiós”.

 

Desde Alejandría, Babilonia, París o Nairobi,

desde los romanos, los egipcios, los persas, los americanos o los neandertales,

desde todos los siglos de todos los tiempos,

desde todas las ciudades, pueblos, montes y montañas,

el hombre no ha hecho más que mirar la vida en la plaza del pueblo,

con la boina calada, apoyado en su garrota y arrugando su cara arrugada.

Pero hay que entretenerse.

 

Todo es geometría sin ángulos, física indescifrable, esencia y ciencia,

bolsa negra que nadie quiere llevar:

no tiene sonido, simplemente estremece:

un parto hermoso, unas lágrimas irracionales,

o un beso lanzado al averno de los deseos insatisfechos.

Todo conmueve cristalino, como el frenazo agudo de un coche cuando el niño ha cruzado detrás de su pelota.

 

Cuidado: una palabra es una derrota.

 

Yo no sé escribir poemas porque el amor y el odio se acuestan juntos

y cuando le quito la gorra al boli me siento guarro al manchar el blanco.

Pero me pongo y sólo emborrono folios para pervertir los sentidos y mentirme sin piedad.

Yo no puedo agarrar la Belleza con frases sutiles que el aire devora.

 

Yo no sé escribir poemas por más que quiera querer.

Yo no sé escribir poemas porque al mirar tus ojos me quedo mudo,

y si buceo en ellos me ahogo,

y si los canto la voz muere.

Falsos poemas que de nada sirven.

 

 

 

 

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