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MONCLOA BIEN VALE UN BAILE

Los políticos españoles han pasado, en unos meses, de la hierática tele de plasma y de la rigidez distante de sus escaños, a menear el bullarengue como enfervorecidos seguidores de “Siniestro Total”. Moncloa bien vale un baile, parecen haber pensado. Incluso “la vice” ha llegado a confesar en “El hormiguero” los dotes de candidato a “Mira quien baila” de su insípido jefe. Soraya Sáenz de Santamaría, después de mover la pierna, de mover el pie, de mover la tibia y el peroné, de mover la cadera en televisión,  se ha marcado la frase que denota que todo vale con tal de recuperar los kilómetros perdidos: “Rajoy, es muy bailongo”. Y tu culo es un futbolín, Sorayita, pensé nada más escucharla.

 Posteriormente di complacida veracidad a la frase y me rasgué a jirones los pelos del cacerolo al visualizar aquella afirmación. No pude más que sentir vergüenza ajena al imaginar al descoordinado Mariano dejándolo todo en la pista con desmelenada y, seguramente, artificial soltura. Todo por un voto.

Pero hay más y, si cabe, todavía peor.

 Insulta más a la inteligencia que Soraya, persona que gestiona –mal o bien, eso ya es lo de menos cuando se entra en el circo de manera tan patosa-, llega a decir que a ella le gusta la música de los ochenta “de la mala”. Viene decir que, entiendan ustedes, soy una mediocre como los votantes perdidos que estoy buscando. Yo confieso, dice, no tengo gusto musical. El otrora verso libre y siempre selecto melómano Ruiz-Gallardón debió de tener un ataque de risa que le dejase los pelos tan afilados que ni la gomina más ruda los tumbase. Intuyo en Soraya un mensaje subliminal y burdo de cara al 20-D: deja claro que “ellos”  son normales y que no solo bailan, sino que son “muy bailongos” (más que Iceta que ganó escaños con su “chiquitistada”, parece decir)

Sí, Moncloa bien vale un baile, así que vayan desdeñando a Tamara Rojo, a la CND a la que han reducido la subvención y a los “pijos” que pagan las entradas para ir al ballet o a la ópera aumentadas por el IVA cultural. Y a los que van a conciertos de indie, rock, punk o flamenco. Si no es malo, no mola, no es nuestro voto necesario.

Confieso exceso de celo con el PP pero creo que este hartazgo de estupidez planeada –y eso es lo peor, que detrás hay asesores que la incitan a decir lo que dice- también se extiende a otras formaciones tan tendentes, como todas, a las fanfarrias.

Me queda un consuelo: estos políticos tienen dos meses para hacer cabriolas para obtener nuestros votos. Y lo que más me gusta es que la danza seguirá después del 20-D porque, según todas las encuestas y proyecciones de votos, tendrán que bailar pegados para alcanzar La Moncloa. Que se lo curren, que la fama cuesta y hay que empezar a pagarla. Danzad malditos. Pero al son de nuestra música. De la buena, por favor.

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Rock and P.I.B.

Rock and P.I.B.

Entre acordes musicales empezaron a salir cifras que nos hacían pensar a todos los asistentes. La primera fue demoledora: el coste del fraude fiscal supera todo el presupuesto destinado a la sanidad. Un dato que  se deplegó al poco de empezar el concierto organizado por Intermón Oxfam en Madrid. Marlango abrió el tapete en reivindicación de un mundo “un poco menos desigual”. Sonó la mestiza “Semilla Negra” en la sensual voz de Leonor Walting cuando ya nos habían contado que el PIB de Namibia había experimentado una importante subida. Crecía el PIB sí, pero también aumentaba considerablemente la desigualdad en el país africano. Algo parecido pasa en España donde ese indicador –el PIB- que teóricamente mide la riqueza del país, crece mientras vemos que la clase media se cae en un agujero aritmético: los ricos son más ricos y los pobres más pobres, según organizaciones tan dispares como Cáritas y la OCDE. Un PIB que, eso sí, sirve para que desde Bruselas los próceres de esto de la economía alaben nuestras reformas y los mercados nos saluden por el pasillo de vuelta del retrete.

Los cada vez más geniales León Benavente sacaron la «Bandera blanca» de Franco Batiato en versión leonesa y pensé entonces que quizás es tiempo para enarbolar el trapo inmaculado y pedir a economistas y mentes pensantes, cambiar un poco tanto cuadro macro que tapa disimuladamente nuestras vergüenzas. ¿Podrían inventar algo más doméstico y realista? Cuando escucho PIB, me acuerdo de los justificantes falsificados que se entregaban al profesor después de hacer pellas en el cole. Puede que el crecimiento del PIB sea a costa de los más y en favor de los menos o que –seamos benevolentes- la respuesta no interese encontrarla. Aunque Marc, de Dorian, tras un directo encomiable, daba un grito de desconfianza basada en la historia: cuando se inició la Revolución Francesa muchos decían que era imposible. Buen apunte. O como dijo Michael Corleone: Si algo nos ha enseñado la historia es que se puede matar a cualquiera.

 Vetusta Morla –siempre están ahí- junto a Second daban más luz a la búsqueda de unas palabras y guitarras en pos de una igualdad posible. Hoy, mientras escribo esto, leo que el FMI pide a España más reformas, subir más el IVA y abaratar el despido. Pero, en fin, esa es otra historia. Como la creciente tendencia de Sidonie al pachangueo. Me pregunto si los otrora reyes del indie español acabarán haciendo una versión de «Paquito el Chocolatero». Deberían también revisar el indicador de su riqueza musical.

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EL GRIS MAÑANA (…que espera a los jóvenes preparados…)

Sueña con verdad tu sueño, era tu epitafio rosa.

No hay flores, sí desierto: no era un vergel.

Admiraba tus silencios cuando era un inocente,

ahora levito en el techo y tú hablas de más.

Sigo solo, bailando con las piernas rotas, aceptando las derrotas.

Soy el hoy de tu egoísmo lanzándome a la otra orilla mientras ves la tierra seca, donde habitaré.

No te hablo por joder, no te hablo de vencer:

Me refiero al gris mañana.

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Quienes somos

Tras años de muchas idas y venidas en distintos grupos del panorama indie, Juanjo y Juanma deciden crear su propia banda con temas nacidos en las puestas de sol de los estíos de la playa de Torimbia y las tardes de resaca de domingo en la pradera de Villafranca. Hay material musical, pero faltan las letras. Recogen a otro amigo de la adolescencia, de veranos asturianos y veleidades madrileñas: Juanito. Él va poniendo palabra a sus composiciones. La aventura se emprende, la montaña comienza a escalarse. A este triángulo embrionario se va sumando la guitarra de Aurora, hermana de Juanjo y otra asturiana de adopción, el bajo de Raúl, resucitado del heavy más clásico y la voz y teclados de María, que aporta la dulzura y sensibilidad del mediterráneo valenciano.

Con referentes como «The Pixies», «Radiohead» y «Yo la Tengo», se cierran canciones en ocasiones poéticas, otras directas y algunas crípticas. En ellas se abordan temas tan amplios como el amor y el desamor («Alejandría», «Como un ángel» o «Navegar»), Madrid y sus noches adorables y canallas («La ciudad»), la creación artística («En la habitación» o «Asuntos propios») el negro futuro de los jóvenes de hoy en día («El gris mañana») o la necesidad de un hijo recién nacido hacia su padre («Canción de cuna para un padre»).

«Torimbia» es un grupo de cuidado exquisito en cada nota, en cada verbo, en cada acorde que se despliega. Una conjunción de las variantes más modernas y clásicas del pop y del rock and roll con ánimo de atacar al corazón moviendo los pies de los más bailongos. Todo con exclusivos momentos, con luces que transmutan sin avisar, con colores sorprendentes e inesperadas tempestades: como la inigualable playa de Torimbia.

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