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Magia y precisión

Dicen que Onetti murió rechazando a Flaubert y calificando de mierda «Madame Bovary». Fueron, según escuché de Vargas Llosa, una de sus últimas palabras antes de abandonar el mundo. Lo contaba el Premio Nobel alabando la pasión vital y existencial del uruguayo por la literatura. Onetti pasó meses antes de morir, postrado en su cama con el hígado destrozado, obesionado por la novela, sus cuitas y su valor exacto. A escasos metros de donde vivió Onetti, en su casa de la Avenida de América, un astrónomo de la música y de las palabras, Antonio Vega, había ayudado a despertar al plomizo Madrid de finales de los 70 en el Rockolla con unos versos precisos: «Esta vez has dado en el blanco / con dos flechas, tres dianas para ser exactos». Tiendo a pensar que así vivió Onetti, buscando la matemática del arte y escudriñándose el alma y el cerebro hasta la expiación, para saber si Flaubert era o no una mierda.

En la misma estela de Onetti, Isaac Newton, después de demostrar empíricamente que la fuerza y el movimiento se pueden calcular previamente y sentando así las bases del progreso, fallecía entre mercurio y la desesperación por no hallar resultados concretos en sus experimentos de alquimia (o en su amor secreto hacia un joven matemático suizo).

Por el contrario, Rimbaud abandonó la poesía a los 19 años porque quería ser «absolutamente moderno». A tan temprana edad, a su juicio, ya había dado en el blanco y había escrito todo lo que tenía que escribir. Su postulado de absoluta modernidad, le obligaba a evolucionar y a «matar» la poesía.

Juan Rulfo dio el pistoletazo de salida al «boom» sudamericano con apenas 100 páginas que tituló «Pedro Páramo». Luego se pasó media vida inventando, según cuenta Bryce Echenique, la autoría de una novela que nunca vio la luz pues ni tan siquiera comenzó a escribirla: «La Cordillera». Después de acertar, dedicidió hacer un truco de magia que no fue desvelado hasta después de su muerte.

Tanto Onetti como Newton buscaron la precisión mientras convivían con la magia de la creación; tanto Rimbaud como Rulfo nos otorgaron su magia, tras, en su opinión, lograr la precisión a la que podrían llegar. Creo que los cuatro lograron con dos flechas (magia y precisión), tres dianas: emocionarnos, hacernos evolucionar y no dejar de preguntarnos

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