SOY UN MAL PADRE

SOY UN MAL PADRE

Mañana voy a recoger a mi hijo de un campamento de inglés después de 12 días sin apenas saber nada de él. No sé que hará al verme, porque está en esa edad en la que no sabe si besarme, abrazarme o saludarme distante con la mano ante las miradas de sus amigos y amigas pubescentes. Seguramente hará un «max-mix» discreto y correcto. Pero yo, que soy perro viejo y un psicópata frío y calculador, esperaré a llegar a casa. Entonces, ansioso de cariño y de estrujamientos filiales, le enseñaré la camiseta que le he comprado: la de Stephen Curry, el base de los Golden State Warriors, MVP de este año de la NBA y al que ya admira bastante más que a su padre. Entonces, apuesto cien a uno, a que el chaval se olvidará de sus granudos colegotes de voces cambiantes, apuesto doscientos a uno a que abrirá sus ojos, tocará su camiseta, se la pondrá y me dirá: «Eres el mejor papá del mundo». Ja!. Y entonces me comerá a besos y a abrazos, sin manos distantes ni mariconadas pubescentes. Sí, soy un mal padre, un maleducador que compro sus abrazos, un tirano chantajista de sentimientos. ¿¡Qué pasa!? Y que viva el consumismo que me deja disfrutar de esos besos que la lógica de la vida me irá negando cada vez más…
… aunque luego vuelvan más besos y más abrazos y se le pase esa puñetera edad que todos hemos vivido.

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