SE MARCHÓ Y NO SE HA IDO

Soy un yonki de su piel y de su risa y no quiero desintoxicarme.
Un seroporsitivo infectado de ella, y no quiero vacunas.
Un indigente del amor que me entregó,
un vagabundo que busca entre las basuras sus besos perdidos en las noches largas del invierno mustio.
Soy una bulería de llanto mudo, un tango noctámbulo que se duele y que se quiere, un vals gastado que nadie baila.

Vivo del sueño y del recuerdo,
vivo anhelando sus labios sin ni siquiera poder mirarlos,
y son más verdad que cualquier muerto.

Guardo con candado esos recuerdos y no los vendo ni en la agonía de mi silencio.
Se llevó mi arrogancia, mi orgullo, mi lujuria, mi humor, mi infancia y mis zarpazos de capricho de palo;
ya no los quiero, me gusta que se humedezcan en su largo vuelo.
Soy un explorador del pasado, un sumiso de su sombra deformada,
un Sansón de cabello figurado, un castrado del presente que perdió cuando apostó contra su cuerpo.

Vivo del sueño y del recuerdo,
Vivo anhelando sus labios sin ni siquiera poder mirarlos,
y no quiero perderlos.

Soy enemigo del olvido y compañero del olor que ella me dejó dentro,
y aunque con las heridas no tengo buenos encuentros,
prefiero la llama violenta que el perpetuo incienso.
Soy una pluma de un ave muerta, un velero que se mece sin viento, un cajero sin dinero disponible en medio de cualquier desierto.
Estoy parado pero no estoy quieto porque noto al despertar su mano sobre mi pelo…no tengo nada, pero tengo el deseo.
Soy un luchador que nunca se retira a tiempo, una presa fácil de una enfermedad sólo investigada,
un gallito con la cresta disecada.

En el olvido está mi muerte, en el recuerdo mi vida.
Ella se marchó, pero nunca se habrá ido.

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