QUIERO SER

Quiero ser tu labio salado,
el que te tocas con la punta de la lengua cuando dudas.
Convivir con tu saliva mientras duermes,
escuchar en primera fila el sonido de tus canciones
y sentir el eco de tus te quiero.

Quiero ser una botella de vino bueno,
retozar entre el aroma de mis entrañas,
sentir mi curvatura
y que me manoseen todos los hombres de la bodega.

Quiero ser un cuadro de Velázquez
uno del Prado por ejemplo,
y así hablar con la niñas que vienen a verme
y que alucinen de lo bien pintado que estoy.

Quiero ser un amanecer en la montaña,
para que me canten los poetas,
para que las damas se enamoren con mi sol tan chulo
y para que los gallos me celebren con su cacareo.

Quiero ser la sotana de un obispo
y acariciarle con lujuria con mi seda cara,
retirarme mientras duerme
y reírme por debajo con su duende perdido.

Quiero ser una nube guapa
mear cuando me de la gana,
empapar a la gente desde arriba
y encender la imaginación de los niños sin juegos.

Quiero ser una mar tranquila,
de esas que no tienen olas.
Así podré reflejar el alma del cielo
y ver cómo los pescadores echan sus redes por si pica la felicidad.

Quiero ser un piropo castizo,
notarme que me gusto mucho
y tirarme sobre los oídos de las tías feas
para hacerlas felices durante un día entero.

Quiero ser un pensamiento tolerante,
de esos que apartan a los que mandan en el asunto,
meterme dentro de sus cabezotas,
y convencerles de que la vida son dos días honestos.

Quiero ser todas esas cosas,
pero nunca quiero dejar de ser,
para tener la culpa de las cosas que pasen,
de las que nunca pasaron
y de las que no pasó nada, cuando pasaron.

Quiero poder escribirte poesías de resaca rubia
y gritar en medio de la nada de este papel
que un tímido segundo de belleza todavía gana
al siniestro destino de los tiempos sin poesía.

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