ODA AL LOCO (apuntes)

Cuando el loco me habla susurrándome al oído, mi monotonía se agita cargada de sueños impacientes.
Cuando el loco me habla, me desconcierto
y mis inquietudes pasan a divulgar horribles axiomas de peligrosa
incertidumbre,
de locura vital ….

Por ejemplo: El loco, me dice: ¿Qué haces aquí?

Y es entonces, mientras lo estoy pensando es cuando el muy cabrón, me susurra:

¿Por qué estás despierto y no dormido, de pié y no sentado, alegre o triste, por qué no lloras para estar vivo y no ríes para estar muerto?

Y yo me enloquezco por que el loco me habla de verdad.

Me ducho, enciendo el coche, sonrío a la gente y trabajo por que me he enseñado a trabajar y porque así todos me quieren más.

Y el loco me llama gilipollas.

Y para encontrar la cordura pienso en ti,
en el loco amor que me provocas.
Entonces me doy cuenta que,
cuando el loco me habla
es porque estás tú
y me acaricias con preguntas vestidas de ingenuidad.

Me miras y te quedas pensante,
con los ojos clavados en el techo desgastado y antiguo de mi habitación.
Y tengo miedo porque no tengo respuestas para buscarlas entre esos brochazos de pintura al temple que son motas diminutas, como nubes enanas, como mis pensamientos
sueltos, tontos,
aleatorios,
como el loco,
como mi huída,
como mi amor.
Callo,
y luego lloro,
porque el loco inunda mi silencio con el susurro lento y sereno de los que creen en lo que cuentan.

Y me siento tan pequeño.

El loco ríe y me dice:
“Eres el minúsculo pensamiento de cualquier insecto entre tantos millones de años”.

Coge, y me hace perder el tiempo en un atardecer amarillo y soleado
o en la brisa adivinada de un agosto sofocante,
en un jardín,
en un mapa
o en la tenue luz que me deja ver tu rostro adormecido,
aún engatusado por un sueño tranquilo.

El loco es un visitante travieso, amargo, querido.
Mueve las fichas de mis casillas desamuebladas.
Y amén.

El loco me desnuda,
me abraza y está junto a mi,
cuando soy feliz y cuando no,
cuando duermo feliz y cuando también.
.

Pero luego, en la cordura,
cuando tú dejes de preguntarme,
cuando me dejes de hablar,
no habrá que vivir y será entonces,

cuando el loco ya no será tan retozón,
amargo,
querido,

cuando el loco no será un loco feliz.

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