Masaje

MASAJE

 Cuando hundo mis dedos en tu espalda,

tomo contacto con tu amor maduro,

con esa fuerza que me das y que ya habita,

en mi corazón gigante y desnudado;

un órgano limpio y sorprendido

por tu entrega valiente desmedida.

 

Cuando rozo tu cuerpo siempre es más,

y poco, siempre es nada;

y la niebla de mis días se clarea,

al pisar el puente que nos une

hacia la unión inquebrantable de lo eterno.

 

La paz gravita sin reservas

como en aquél abrazo mudo que me diste,

ahuyentando los demonios,

por el plata y roble de tu esencia.

 

Quiero ser un animal de siete vidas

que se acerca a tu fuego acariciado,

un felino vivo que sólo quiere

saltar por los tejados de tu seda,

bajar al suelo de tu alma

y retozar con constancia y con cordura,

sin olvidar la llama del deseo,

en esa hermosa ciudad que tu regentas

y cuyas luces son cada vez más alargadas.

 

Tu cielo da luz a una urbe adorable,

que estoy sintiendo y que disfruto

de sólidos andamios que protegen,

el presente y el futuro de mis labios,

esos que lames con tu lengua rotunda,

y me convierten en un ser tan renovado.

 

Los que hacen que tu risa y que tu llanto,

canten como un amigo,

como un amor,

que siempre he llevado a mi lado.

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