Corre, corre

1(Puede que las modas nos coaccionen demasiado; incluso las buenas: incluso pueden volvernos como un boomerang y hacer buena la máxima de Einstein: “hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana. Y de la primera, no estoy seguro”)

El otro día hablando con una chica muy mona salió el tema de correr. Dije que yo corría de vez en cuando -cosa que es cierto- y entonces la chica, muy mona ella, me preguntó: ¿Así que eres “runner”? Yo me acorde de Harrison Ford y Ridley Scott, de los replicantes y de más allá de Orión. Me desaturdí rápidamente y un tanto por compromiso -y porque la niña era mona, claro- dije, entre dientes, que sí, que era “runner” aunque por dentro pensaba que más que “runner” era de esos chavales deportistas que se ponían pantalones de deporte, sus zapas heredadas de sus hermanos y la camiseta más cochambrosa que tenía y le decía a la máma: “Me voy a correr al parque, mama”. Pero no se lo dije, claro.

Por lo tanto, a continuación, la chica mona me preguntó que qué tiempo hacía corriendo y cuántos kilómetros. Yo me quedé un poco callado no sabiendo qué decir y pensando que lo que corría era dos o tres vueltas al parque escuchando, primero en cassete, luego en cd y más tarde en mp3, un “Lp” y medio. Pero antes de contestar, y tras haber tragado saliva para calcular cuanto sería un Lp y medio (maxi single en su defecto) y dos o tres vueltas al parque, apareció un amable y etílico noctámbulo que se cruzó entre la niña mona y yo y dijo: Yo ayer me leí una página de la Odisea en medio minuto. ¿Eso no te mola?

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