COSMOS

El mundo se compone de juegos y diversiones que rompemos
con un guiño, con una patada, un inconveniente.
Recto, directo.
Todo rasgado de pronto, sin sentido y bruto,
como Bruto rasgó a César.

Nada vale en la noche de los tiempos,
aunque poco oculte el tiempo
cuando la noche tiene sus dueños y sus escalas;
nada se ciñe a los vaqueros ceñidos del roquero,
ni un sueño ajustado al futuro que bebemos,
es una luz, un deseo que nunca vemos.

Solo componemos risas y llantos,
La esquirla viva, lo que llamamos de pequeño,
la princesa viva,
la princesa muerta, el rey sin magia,
el juguete roto, el emperador,
Alicia y su viaje,
el hada madrina ya no es divina.

¿Y nosotros qué somos?
La razón que no podemos encontrar,
la pregunta que nos incomoda,
el universo que nosotros creamos,
tan misterioso e intangible como cualquiera.

El cosmos es como el amor,
miles de galaxias desestructuradas y dolientes,
inmensas y bellas entre millones de átomos,
lastre vital que concedemos para soportar el peso de nuestra mezquindad.

Somos el sueño espurio del niño arrogante que cierra sus ojos en la noche cautiva, abstracta, casi olvidada, serena.
Somos cuanto concebimos y ordenamos en un mundo que solo se compone de juegos.
Somos el juguete del juego.

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