ABECEDARIO DE LO NUESTRO

ABECEDARIO DE LO NUESTRO

 

Empiezo por la “a” minúscula, porque así empezó todo.

Es una “a”, curvada y coqueta, que deja un guiño ascendente antes de dejarse morir.

Atrevida ella, no sabe a dónde va.

Puntos suspensivos cobardes, pero interesantes,

con música pausada en el corazón o en la mente soñadora.

 

Es el polvo de una noche: aquí no hay amor.

 

La “a” minúscula es así, nunca se sabe.

Siempre deja su órbita incompleta por si después de todo se puede volver a escribir.

 

Paso de la “b”, de la “c” y de todas esas letras pelanduscas,

engatusadoras de taberna que podrían decir mucho y no alcanzar significado alguno.

Muere la sofistería, no es tiempo de gráficos banales.

Hoy, se van a callar los retóricos.

Patinan, se deslizan, olvido.

No quiero que rasguen con sus cuchillos cortinas de ducha sin  mujer desnuda.

 

Llego hasta la “m”, con sus montañas orgullosas y arrogantes pero huecas en su esencia… Blancas, vacías.

Dos mellizas fanfarronas que sólo saben acompañar al misterio de lo que está sucediendo.

Suenan bien, dan  fuerza y calor, pero son fuegos de artificio.

Me hacen dudar.

Son el inicio de la palabra “mierda”.

También son la base de la palabra “mamá”.

Habrá que tenerlas en cuenta…

 

¡¡¡¡¡¡Ooooooh!!!!!!!!!!!

¡Si es ella!

¡¡¡¡¡¡Sí!!!!!!!. ¡¡¡¡¡¡¡Es ella!!!!!!!

 

Completa y redonda, nos habla de lo que hemos descubierto:

una exclamación y una sorpresa,

a veces falsa y otras veces perfecta, siempre alegre y bonachona.

 

Ella, dada a la Obesidad, a la Obscenidad y a la Osadía.

Me Obnubila tu Orografía Ornamentada y Ovalada.

Me quedo contigo, bonita “O”.

“O” circulada, sincero compás.

 

Luego llegaste tú, la que termina este Ruego.

Rabiosa, Ruidosa, Reventota y Radiante.

Ronco a tu lado, Riendo y Rugiendo,

porque éste poema, porque esta canción, Reina, ya se acabó.

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